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a caja negra

 


miércoles 5 de febrero, 2003 - 09:12 p.m.



Tu ausencia a las diez. Llegaste todo cerrado nada indicaba
que hubiera ocurrido algo fuera de lo habitual.
Recordaste que en los dibujos siempre hay una ventana
cuando no hay puerta para escapar.

Escuchó con paciencia la hipótesis.
Tenía un problema de secuencia, si era muy igual no lo recordaba
porque era aburrido y lo olvidaba si era muy distinto.
Se perdía también.
En el colegio la retaban por “estar en la luna.”

Ese colega se ofendió por no caer a sus pies
cuando lo invitó a exponer en su museo.
El le dijo que estaba en otro planeta. Era así pero sintió que no le creía.
No era desconexión todo lo contrario estaba meditando.
Pero a quien le importan las razones no hay nada que explicar
por qué no poder decir ahora no, más tarde o no simplemente.

Cómo podría sino hablar sin culpa de lo primero que se le ocurría.

Todo era empezar de nuevo cada vez.
No era por un esfuerzo que ella lograba mantener el hilo
sino por alguna otra razón.
Después de todo a quién le importan las anécdotas.

Quien apuesta a un orden evidente?

Aquella otra jugaba una ajada inocencia para inquirir todo tipo de maldades
impertinentes con aire de niña que lleva a pastar sus cabras.
Capaz de entrar en una casa con cualquier subterfugio
como si eso fuera equivalente a entrar a una vida
para compararse y justificar su existencia.

Quién sabe de qué trata el guión?
Veo que abre la puerta, lleva tres perros jadeando tirando
en direcciones divergentes.
Adonde lo llevan?
Siempre que me cruzo con ese vecino pienso si no será él ese amigo
de la infancia de quien no sé nada desde mis diez años.
En qué se convierte alguien a quien uno no ve más?
Puede que se vuelva invisible.
Como se transforma al punto de ser una persona ireconocible
cuando no se es testigo de la secuencia.

Nadie podría estar presente en cada una de esas historias.
Adivinamos apenas, suponemos jugamos a saber a reconstruir.
Con dificultad llevamos la propia que sabemos casi no cabe en el mismo envase.
La presencia masiva da vértigo, la ausencia masiva descoloca.
El devenir de cada uno es algo inabarcable

Llego del supermercado dejo las bolsas en el piso para abrir la puerta
siento que a mis espaldas mi vecino ya no tiene las correas tan tensas me doy vuelta.
Lo veo levantando con la mano dentro de una bolsitas de plástico
aquello que los tres canes han desechado.

Me parece que al señor no le gustan los testigos.....

...pero eso es tema de otra charla



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