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a caja negra


viernes 7de febrero, 2003 - 04:07 p.m.



La miró sorprendido con la copa en alto.
- Te felicito hiciste una excelente elección!
Dudó antes de darse por vencido mientras buscaba su mente algo...
- Cual?
- Hace dos años y cinco meses.
El motivo de la celebración, la mesa en el patio el vino
las exquisiteces y el tiempo transcurrido desde que estaban juntos
se habían borrado de su mente por un instante.

...

Miraban las estrellas siempre las mismas estrellas ese verano
mientras comían en el patio.
Con suerte y casi siempre la tenían, veían además distintos objetos voladores
en dirección sur norte y este oeste. A él le pareció rara esa noche...
- Ayer vimos nueve y hoy ninguno...
- Esa estrella fugaz que cayó ayer no sería parte de la nave que explotó?
- Encontraron la parte de la nariz.
- La nariz del navegante?
- No la de la nave, la otra se recicla más fácilmente.
- Están locos subirse a una cosa de esas yo que lo pienso dos veces
antes de subirme a un colectivo no me imagino ahí enlatada
a merced de fuerzas desconocidas......

...

Me acordé de la lancha saliendo ese verano de Carmelo
en medio de la sudestada.
Esperar quietos.
Sentados en el interior mientras caía la noche nos querían obligar a partir
adentro de esa caja de zapatos.
No sé, no entendía porqué despacharnos así directo al fondo del río.

La luz amarillenta apenas dejaba ver a los otros pasajeros.
Con la muerte en la cara, apretados uno al lado del otro
mirando fijo al frente, los ojos llenos de nada.
Los pensamientos espesaban el aire. Se los escuchaba, mudos.
Pese a nuestras protestas tampoco nos dejaban bajar a tierra.
Logré salir con no se qué pretexto.

El río Uruguay estaba muy enojado, parecía un mar.
A lo lejos un punto en el horizonte trataba de abrirse paso.
La película detenida.

Anunciaron el arribo, llegaba con mucho retraso.
Luchaba contra la corriente perdía el rumbo.
El viento la sacudía, se bamboleaba, como por milagro volvía cada vez
a la posición habitual después de casi dar una vuelta de campana.

Como huyendo de un manicomio, la expresión desencajada de la azafata
imposible de olvidar, daba cuenta de lo demás.
Pelos al viento, blanca como un papel a punto de salir volando
las ráfagas se la querían llevar. Aferrada a un pasamanos en la parte exterior
cuidando la puerta o queriendo tirarse primera si se hundía
no supimos nunca porque pese a enfrentar todas las furias
la embarcación llegó a la orilla.

Nos comunicaron que cerraban el puerto.
Empezó una ardua negociación.
Efectivamente se querían saltear los costos de una noche en tierra firme.


Pero eso es tema de otra charla.........


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