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a caja negra

 


viernes 24 de enero 2003 - 07:06 p.m.



Quieto muy quieto, a la espera
cerró los ojos, sintió que se desplazaba.
Veía delante suyo un sendero bordeado de arboles y maleza
por el que avanzaba a gran velocidad.
Las ramas caídas dificultaban el pasaje y le conferían una cualidad de túnel.
Le resultaba vagamente conocido y le inquietaba no poder precisar por qué
se iba tragando el camino más y más rápido a medida que parecía ir más allá,
sin por eso dejar el lugar.
No terminaba nunca como si finalmente se fuera a cerrar sobre sí mismo.
Dudó. Llevaría a algún lado?

El miedo lo obligó a abrir los ojos. Oscuridad total, había desaparecido el paisaje
Volvió a cerrarlos. Arrastrado por el viento como si no tuviera peso alguno
se alejaba cada vez más del lugar dejando su cuerpo como testigo.
Llegó a sentirse muy cerca.

Nada que hacer. Ningún llamado.
Tenía conciencia del riesgo que ella estaba corriendo.

Quieto muy quieto.
Trató de leer en ese torbellino que partía del centro.
Desistió. Temió enturbiar la visión.
Otras veces había ocurrido que como un rayo lo atravesara una certeza.
O que el pensamiento del otro pasara a su cabeza sin más

Todo claro menos ser asertivo.
Solo si se presentaba sin buscarlo podía aceptarlo, como un regalo.
No quería caer bajo sus propias sospechas.

Temía fijar esa imagen como si pudiera contribuir con lo oscuro
Sabía que nunca estaría seguro. Ella tampoco.
No se atrevía a afirmar
que hubiera alguna forma de medir la veracidad de las percepciones
Aceptó que no sabía nada.
No quería ponerle un nombre a su ...
Decidió esperar la mañana.

Después supo que esa misma noche ella también se preguntaba:

Who is the murderer?


Pero esto es tema de otra charla


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