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martes 26 de noviembre 2002 - 04:24 p.m.




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El pabellón amarillo

Era ése el pabellón amarillo veneno. Lo reconoció en seguida
aunque no tenía noticias de su existencia hasta ese momento.
El sol restallaba sobre su superficie áspera.
Se veían otros recintos también reciclados más allá desparramados a orillas del río.

Decidió entrar. Se sentía fresco y había poca luz.

Como muchos de los otros visitantes venía de lejos.
Hacía años que recorría el mundo en ocasión de estos eventos.
Sin buscarlo había hecho una profesión de eso que ni él mismo podía definir.

Qué perseguía con su ir y venir?

No se veía mucho más que una extensa superficie blanca adosada al muro.
Emanaba una luminosidad apenas azul.
Al acercarse algo lo sorprendió. A cada momento se le ofrecía otra visión
Sintió que se sumergía a cada paso en una realidad diferente.

Sabía que no podía haber nada parecido a juzgar.
Dónde poner el acento, en almacenar tesoros que no existen?
No le importó que hubiera un interlocutor o mil.
Sólo esperaba que no rebotara el sonido de sus palabras contra la pared y cayeran.

No era un cuadro ni un paisaje ni un texto ni palabras. Hasta era frío al tocarlo y
parecía bullir.
Una larga pared que daba la vuelta.
Sus ojos la recorrían en forma circular, elíptica, vertical y horizontalmente.
También se mezclaba todo por momentos.

No sabía si le gustaba o no tampoco le preocupaba.
Había perdido esa cualidad de muro por algo que no podía definir.

- Estoy amedrentado cualquier mínimo roce me hace ver las estrellas.
Lejos lo más lejos posible. Estoy a vivo.
Fuera de control empezó a recordar uno a uno todos sus sueños.
Abrumado se desmayó.
Al despertar vio que se podían agrupar de muchas maneras diferentes
pero que siempre encajaban y parecían formar parte de una unidad.
También cabían todos en esas cajitas que habían quedado
desparramadas en el espacio.

Se dio cuenta de que las podía mandar de ese modo por correo.
Seguramente a otros les serían útiles en sus juegos,
pero eso es tema para otra charla.



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